Empezaré a retomar el ritmo en el blog con un tema que ha estado “en el candelabro”, como diría alguna famosilla de poca monta. Aviso de que es bastante larga…
Desde antes de formar parte del equipo de Tendencias.tv, todo lo que se iba moviendo en cuanto a videoblogs (de momento usaré éste término, más adelante ya veremos) me empezaba a interesar desde el punto de vista del consumidor y desde el punto de vista del inversor, que pese a no serlo, me parecía algo muy a tener en cuenta.
Está claro que un proyecto no tiene una travesía satisfactoria si no se cumplen varios requisitos, pero es que el primero, el de salir a flote, es el más sencillo; normalmente solo precisa de ganas e ilusión. El montante económico necesario para armar la nave viene después, o al menos así puede ser. Y esto es así para casi cualquier proyecto.
El problema está cuando no ocurre de esta manera.
Se ha hablado mucho de la cancamusa, de que el proyecto no era viable desde un principio, de sus inversores… pero es que es mucho más sencillo que todo eso.
Hablo de Mobuzz… tarde, pero hablo.
Y es que estaremos de acuerdo la gran mayoría en que el gran problema de Mobuzz no ha sido el dinero si lo miramos detenidamente.
El grandísimo problema de Mobuzz ha sido el entorno.